domingo, octubre 22, 2017

#EnMangasDeCamisa 23

Se acercan Halloween y Día de Muertos y estamos listos para celebrar ambas fechas como se debe: ¡en mangas de camisa! Aprovecho para recomendarles la revisión de It (Eso) en cualquiera de sus dos versiones cinematográficas y sobre todo echarle un vistazo al libro, pues comparto la opinión de José Homero en el sentido de que la historia escrita por Stephen King es mucho más compleja y valiosa de lo que parece a simple vista.  

Las ideas musicales son "Time Warp" de la setenterísima The Rocky Horror Picture Show y  "Todo va a estar bien", una muy divertida (y optimista) canción de Meme (Emmanuel del Real). 

También está el nombre de la persona ganadora del pase doble para ver a Chumel Torres En Vivo en el Tec CEM el próximo 17 de noviembre cortesía de ZEDAL

Como siempre, ¡muchas gracias por su complicidad! Y más aún por comentar y compartir. 

jueves, octubre 19, 2017

Cambió México


El martes 19 de septiembre fue un día terrible para todos. Para algunos solo fue el susto, para otros fue la impotencia al escuchar las noticias, y para otras más fue la pérdida de un ser querido. Para mí y muchos de mis compañeros del Tec Ciudad de México fue el terror puro.

Las primeras horas volteabas a la derecha y decenas de alumnos y profesores corriendo hacia los escombros del puente que colapsó diciendo que habían escuchado gritos. A la izquierda otros tantos buscando herramientas que pudieran ayudar en el rescate. Algunos más gritando entre la multitud en busca de personas heridas o lastimadas, pidiendo gasas, vendas, y alcohol para limpiar las heridas.

Por horas fuimos alumnos, profesores y personal del Tec los que luchamos por sacar a nuestra comunidad adelante.

Ese día, además de la tremenda impotencia que acechaba mi tranquilidad, y la profunda tristeza con la que aún me levanto todas las mañanas, ese día también entendí que la esperanza puede más que el miedo.

Para mí, ese 19 de septiembre marcó el inicio de una nueva era. Una era en la que no debemos buscar la reconstrucción del México que teníamos, sino la construcción del México del siglo XXI.

Me he estado preguntando, ¿qué cambió el 19 de septiembre?

Cambió el México intolerante, aquel que no cede el paso. Aquel que ve mal al de abajo, al diferente.

Cambió el México que siempre busca culpables, aquel que apunta dedos pero no busca soluciones.

Cambió el México deshonesto, aquel que comienza copiando en un examen y termina sobornando a un inspector para obtener la certificación de protección civil.

También me gustaría decir que cambió el México ignorante, aquel que se educa en Facebook y opina sin entender.

Espero que haya cambiado el México que no vota, o el que no entiende por quién o por qué vota.

Se acabó. Se acabó el México que no lee, que no aprende, que no se informa, que no crea, que no inventa.

Si algo les puedo recomendar, y se los dice alguien que todavía no acepta todas las responsabilidades que conlleva ser adulto, es que estudien.

Alguien me preguntó que cómo podía pensar en estudiar con todo lo que estaba pasando. Entonces pienso en mis 5 compañeros de CCM que ya no podrán seguir persiguiendo sus sueños. Pienso en todos los que no podrán seguir con sus estudios. Pienso en mi México, SU México, que nos necesita preparados, fuertes, que nos necesita honestos. Estudien para que si en unos años NUESTRO México nos vuelve a necesitar, podamos ayudar más y mejor.

Es de vital importancia que entiendan por qué hacen las cosas. Por qué estudian, por qué les gusta lo que les gusta, por qué aman, por qué lloran.

Ustedes que salieron a ayudar a los centros de acopio o a las comunidades más afectadas, ustedes que donaron ropa, despensas, dinero y tiempo, ¿qué los motivó? ¿Les bastó con ver las imágenes?

Yo tuve que ver al destino a los ojos, mientras que con su grito ensordecedor me pedía reaccionar. Tuve que llenarme de sangre las manos y abrazar a la madre que buscaba entre las caras llenas de miedo la de su hijo. Fue ahí cuando me di cuenta de que no es que tiemble en Chiapas, o que en Veracruz haya un huracán. Es que en mi México tiembla pero yo no debería de temblar con él.

El miedo es el asesino de la mente. Hay que enfrentarlo. El miedo pasara sobre y a través de mí, y cuando haya pasado volteare a ver su camino y no habrá nada. Solo yo seguiré, con el corazón de fuego, la mente clara y el espíritu rugiendo.

¿Qué les faltó? ¿Consideran que también se tuvieron que llenar las manos de sangre para entender que los problemas de México son sus problemas? ¿Creen que hasta que vean la tragedia directo a los ojos van a poder prender aquella flama para salir a luchar por el México que se merecen? Espero que no sea el caso.

Es de los errores más grandes no hacer nada porque solo pueden hacer poco. Hagan lo que puedan.

Sueñen en grande, motívense, encuentre su gasolina, y luego piensen qué necesitan para que esa gasolina nunca se acabe. Los sueños pequeños son fugaces, esos no forman líderes, forman muñecos de papel, aquellos que con un poco de miedo se rompen en mil pedazos. Los sueños grandes son los que pueden hacer a México un gran país.

El día que nos unamos no por una desgracia, ese día nos pueden mandar un terremoto de diez grados y a nuestro México no le pasará nada.

Por último, me gustaría dejarlos con una frase que me dijo un doctor en medio del caos: "El líder se hace el día que decide serlo".

¿Ustedes ya tomaron la decisión?

---
Discurso leído por Camila Trejo Athié, exalumna de la PrepaTec Esmeralda y actual alumna de Medicina en el Campus Estado de México, en el homenaje a las víctimas del sismo del 19 de septiembre, realizado en la PrepaTec Esmeralda el 29 de septiembre. 

domingo, octubre 08, 2017

#EnMangasDeCamisa 22


En días pasados se anunció a Kazuo Ishiguro (Nagasaki, 1954) ganador del Premio Nobel de Literatura 2017. A propósito de ello les recomiendo #EnMangasDeCamisa una de sus novelas más famosas (y también una de las mejores que de cualquier autor he leído en años recientes): me refiero desde luego a Lo que queda del día (The Remains of the Day, 1989).

También les invito a la conferencia Chumel Torres En Vivo que organiza ZEDAL, el grupo estudiantil de debate y liderazgo de la PrepaTec Esmeralda, del que me honro en ser su tutor académico. Por cierto: hay un pase doble a sortear entre quienes respondan un par de preguntas (detalles hacia el final del episodio).

Las ideas musicales son de Peter Gabriel y David Bowie, que nos presentan sendas versiones en vivo de la icónica "Heroes", que precisamente este mes cumple 40 años de haberse presentado al público.

Como siempre: ¡muchas gracias por escuchar y compartir! Y, desde luego, ¡bienvenidos sus comentarios! :-D  



Para saber más: Facebook oficial de ZEDAL y
canal YouTube de Chumel Torres.

miércoles, septiembre 13, 2017

¡Hasta pronto, generación IB 2017!

Estimados Padres de Familia.
Queridos colegas.
Inolvidables alumnos del Bachillerato Internacional, generación 2017.
En una de las novelas que leímos, comentamos y analizamos, Vida de Pi, de Yann Martel. Revisamos algunas características básicas de la novela de viaje. Comentamos, según recuerdo, que los protagonistas de estas historias se enfrentan a condiciones adversas que deben vencer para lograr llegar a su destino. Dijimos también que en una buena novela de este género el protagonista siempre cambia, se transforma, conoce algo de sí mismo que le permite cerrar una etapa e iniciar otra.
La metáfora del viaje, desde luego, funciona a la perfección para definir el momento en el que se encuentran ahora. Han terminado un recorrido pleno de miedos y confusiones, de misterios y acertijos que parecían imposibles de resolver. En su camino han encontrado aliados y enemigos; desconocidos que les tendieron la mano y amigos que a la hora de la verdad se quebraron y dejaron de serlo. Pero también, y sobre todo, si fueron lo suficientemente afortunados en estos años, crecieron y se conocieron un poco mejor. Descubrieron habilidades que no sabían que tenían y cayeron en cuenta de que algunas áreas que creían dominar en realidad les deparaban todavía muchas sorpresas. Aprendieron y cambiaron. Se transformaron, como los personajes de las mejores novelas de aventuras.
Ahora llevan ya varias semanas de otro viaje. Uno más largo, más complicado, más retador y, espero, también más motivante. Estoy seguro de que la mayoría llegará a buen puerto, aunque probablemente será uno distinto al que prevén en este momento. Otros pocos cambiarán de barco y muy pocos, espero sinceramente que ninguno, naufragará. Pero la vida es así, y sigue siendo maravillosa.
Lo importante es que están iniciando otro viaje, y es en esta metáfora en la que deseo detenerme un momento. En la metáfora del viajero. Noten que he dicho viajero y no turista. En uno de sus últimos textos, el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman afirmó que uno de los problemas más graves de nuestra época consiste en que los seres humanos hemos dejado de ser viajeros y nos hemos convertido en turistas de nuestras vidas. Bauman decía que los viajeros son muy parecidos a los peregrinos, en el sentido de que los mueve una búsqueda profunda, trascendente, muchas veces lenta y que exige paciencia y pasión. Los turistas, por el contrario, pocas veces se detienen más allá del tiempo necesario para tomar una selfie. No importa que frente a sí tengan una obra maestra, o un paisaje que a otro le quitaría el aliento. Lo único que desea el turista es capturar una imagen para alimentar su historia de Snapchat.
En un sentido muy similar escribe el filósofo francés Michel Onfray en su libro Teoría del viaje. Dice que al viajero auténtico lo caracteriza “el gusto por el movimiento, la pasión por el cambio, el deseo ferviente de movilidad y la furia de la independencia”. Noten por favor que estas palabras entrañan una disyuntiva fundamental: somos nómadas o sedentarios, dice Onfray, aficionados al flujo, a los transportes, a los desplazamientos o apasionados por el estatismo, el inmovilismo y las raíces. Los primeros aman la ruta, larga e interminable, sinuosa y zigzagueante; los segundos disfrutan de la madriguera, oscura y profunda, húmeda y misteriosa.
Asumiré esta tarde que pertenecen al primer grupo, al de los viajeros, simplemente porque su edad lo exige y porque no se necesita revisar sus vidas exhaustivamente para darse cuenta de que se están moviendo, de que siguen cambiando, de que la transformación no ha cesado.
Y a ustedes, viajeros de la generación IB de la PrepaTec Esmeralda 2017, deseo recordarles hoy las palabras de un poeta griego que escribió unos versos sublimes refiriéndose al más famoso de los viajeros: Ulises. Les recuerdo que, después de diez años en la guerra de Troya, Ulises tardó diez años en su viaje de regreso a casa, la isla de Ítaca. En ese camino se enfrentó a Poseidón, a cíclopes, gigantes caníbales y, desde luego, también a las sirenas. Durante el trayecto perdió a todos sus amigos. Y cuando por fin llegó a casa, dicen los versos de Homero, no pudo evitar un gesto de decepción al encontrar una isla pequeña y empobrecida, muy lejana de la próspera e imponente ciudad que él idealizaba tras veinte años fuera de casa.
Otro gran poeta griego, Constantino Cavafis, recuperó esa idea y consideró que Ulises se había equivocado al decepcionarse de Ítaca cuando regresó a casa. Porque, después de todo, la simple idea de Ítaca, la idea de un hogar, de una familia, de un lugar en el que pudiera sentirse cómodo, esa idea, lanzó a Ulises al mar para llevar a cabo un viaje repleto de aventuras y conocimiento. Por eso, decía Cavafis, Ulises debía estar agradecido con Ítaca, con esa idea que le motivó a iniciar un viaje que ningún otro mortal había emprendido antes.
Esta tarde yo les recomiendo lo mismo que Cavafis a Ulises. Ya inmersos en este maravilloso viaje que son sus vidas, deseen que el camino sea largo. Tengan una meta clara, pero no apresuren el paso.
Mejor que dure muchos años,
y ya anciano recales en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.
Ítaca te dio el viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene más que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te engañó.
Así, sabio como te hiciste, con tanta experiencia,
comprenderás ya qué significan las Ítacas.
Sean viajeros, no turistas. Nutran su historia en Snapchat, pero dense tiempo para encontrar trascendencia. Asuman que la vida es sinónimo de misterio y no permitan que esa verdad los asuste. Busquen estabilidad, pero asuman que ningún cambio importante se ha logrado simplemente esperando que ocurra. Y disfruten, desde luego. Tienen motivos de sobra para asumir que el viaje será placentero. Y si no lo es, si las aguas se enturbian o algún vendaval amenaza su barca, recuerden que tienen en nosotros, sus padres y profesores, a navegantes experimentados dispuestos a lanzarles un salvavidas.
Muchas gracias por habernos permitido compartir estos años con ustedes. Ha sido una aventura extraordinaria. Les deseo el mejor de los éxitos.

viernes, agosto 25, 2017

Queridos jóvenes: es mejor no leer

Alessandro Baricco
No tengo ninguna duda de que el placer de leer, así como la cultura del libro, están fuertemente relacionados a una derrota. A una herida y a una derrota. Sobre los libros no tengo dudas. Sobre la música, teatro, cine, puede ser más problemático.
Leer es siempre la revancha de alguien que en la vida fue ofendido, herido. Me parece que leer libros es una manera inteligentísima de perder. Relacionado a una especie de renuncia a combatir sobre el campo. No sé si esto tiene alguna relación con la “humanidad ofendida”, de la cual escribía Adorno. Sé que la gente de libros es, por lo general, gente que sufre.
Existe una tendencia a ser sumergido por esta sensación de desequilibrio. Y es verdaderamente peligrosa.
Lo que pensaban de la novela en el siglo XIX las personas de buen sentido, es decir, que era peligrosa, es verdad; y está bien que en el origen de la novela así haya sido percibido. Lo entendieron rápidamente los médicos que prohibían a sus esposas la lectura de novelas, en la pureza áurea de aquel objeto —la novela— entendían una cosa que a nosotros actualmente nos parece ridícula. Pero era verdadera en aquel entonces y permanece como algo que tiene que ver también hoy con la experiencia de leer.
Para ser prácticos, veo a estos muchachos de 16 años que pasean, y que han leído todos mis libros, o bien demasiado Kafka o demasiado Dostoievsky. Los veo. Y cuando me preguntan qué deben hacer, sólo una cosa me llega a la cabeza: “Váyanse a jugar con el balón, tiren los libros, paseen. Córtense los cabellos, píntenselos de verde. Hagan algo. Busquen estar en el adentro. No afuera. Después de ello, regresen a los libros, por caridad, pero no se dejen imbuir”.
Si pienso en los jóvenes de hoy, en lo que leen y lo que no leen, y si desde nuestra experiencia de Tótem puede surgir alguna luz sobre esto, me vienen a la cabeza algunas cosas.
Antes que nada, se necesita una gran disposición de nuestra parte para entender que la geografía del sentido de estos jóvenes es objetivamente distinta de la nuestra. Y no por un proceso de “vulgarización” o “denigración” de aquello que es noble. En lo absoluto. Será noble como la nuestra, pero será distinta.
No se puede pretender que los Quartetti de Beethoven cubran, en la geografía de la inteligencia de estos jóvenes, la misma parte que han cubierto en la geografía de nuestra inteligencia. Y no precisamente por un proceso de degradación. No, simplemente porque la geografía cambia.
Si nosotros, cada vez que se pierde un pedazo de la geografía que nos ha generado, nos ponemos a pensar que ésta es una pérdida estéril del mundo, y si nosotros debiéramos ser así de idiotas para pensar esto en un modo apriorístico y dogmático, no se abrirá jamás un diálogo con estos jóvenes.
Debemos entender que su geografía será igual de noble que la nuestra, y además podría ser más noble, si no existiera ningún vestigio de la nuestra.
Allá donde en nosotros existía un puerto, en ellos no existe nada. Han dejado todo al nivel del suelo para dar vida a un gran estacionamiento. Y nosotros debemos tener una gran e inmensa inteligencia para no despreciarnos por el hecho de que hay un estacionamiento donde había un río, sino entender, antes que nada, toda la geografía. Y pensar —casi como un acto de fe— que nuestra geografía será igual de noble que la de ellos. Porque de hecho es así. Porque a final de cuentas, en los últimos Quartetti, ¿qué criticaba Beethoven? Era el mundo en movimiento. Después, la forma en la cual se puso en movimiento, porque nunca estuvo en nuestras manos elegir dicha forma.
La única cosa que debemos odiar es la inmovilidad. Porque es la muerte, es la dictadura, es el mundo en pausa.
Pero si el mundo comienza a vibrar, necesitamos después, de vez en vez, entender la forma de esta vibración, que no podrá ser siempre la misma.
El problema de la lectura, a final de cuentas, es esto. Si partimos del supuesto de que cada joven que no lee es una pérdida para la civilización, partimos de un supuesto erróneo. Estúpido. No es del todo cierto que, dentro de 150 años, la lectura será el modo, la forma más apta para la creación de sentido, para aprehender la vitalidad de lo real. Sin embargo, ¿esto quiere decir que no se puede hacer nada, que no podemos hacer nada, para transmitir a un joven el sentido de aquello que para nosotros es noble? Nada en absoluto. Nada es grandioso si uno no es capaz de explicar el porqué lo es.
Si los Quartetti de Beethoven son grandiosos sólo porque son los Quartetti de Beethoven, y uno no parte de cero, y no sabe explicar el porqué, aquella grandeza está acabada. Deviene en una imposición, justo a lo que un joven siempre se rebela.
Cuando los jóvenes se rebelan a la lectura únicamente porque les viene dada como un valor inexplicable, porque es mejor que jugar Playstation, es necesario preguntarnos si alguno les ha explicado de manera convincente por qué es mejor. Aparte de que se trata, evidentemente, de una cuestión abierta —no sabemos todavía bien qué cosa sucede en aquel nuevo mundo de mensajes visivos, sensibilidad, velocidades distintas a la nuestra—, es por eso que los jóvenes viven la lectura como una agresión a sus valores.
El libro y el videojuego desde el inicio resultaron contrapuestos. Entonces, o estamos en condiciones de explicárselos, o bien estamos haciendo algo que los alejará más.
En cambio, el desafío es que a alguien que juega con el Playstation le cuentes el Cyrano, y que, de pronto, te escuche. Pero no le puedes decir: "¡Ve al teatro! A ver un Cyrano de Bergerac doctísimo y aburridísimo". Así, nos la jugamos todos, ¡uno después del otro!
Esto nos ayudará también a entender qué cosa está todavía viva y qué cosa está muerta. Cuando, en resumidas cuentas, no puedo explicar a los jóvenes en la escuela Holden, por qué creo que El hombre sin atributos de Musil es un libro para leer, cuando advierto que me canso cada vez más, que cada vez tengo menos credibilidad, y que no logro convencerlos, no sólo quiere decir que no soy lo suficientemente bueno. Sugiere también que quizás, en la nueva geografía que está naciendo, El hombre sin atributos no es un libro importante. Esto es algo muy probable, de lo cual no debemos espantarnos. No lo digo para provocar. Los músicos que Rossini admiraba en su oficio se llamaban Mozart, Haydn, pero otros tenían nombres que hemos olvidado por completo.
Las geografías cambian. Quizá El hombre sin atributos no es importante por siempre. Lo ha sido para mí, para mi generación, pero cuando se comienza a no saber explicarlo, cuando percibes que no te creen, es mejor buscar entender qué cosa está pasando, cuál es la nueva geografía que está naciendo.
Y prepararse para tomarla.
---------------------------------
Extracto del texto leído por el autor el pasado 15 de mayo en la Feria del Libro de Turín, en un panel dedicado al tema de la lectura y recientemente publicado en el libro Totem. L'ultima tournée (Einaudi, 2003).
Traducción de Israel Covarrubias