lunes, diciembre 01, 2014

Generación APP


Una de las más recurrentes inquietudes de quienes trabajamos con y para adolescentes reside en el tan cacareado hecho de que pertenecen a una generación distinta a la nuestra, es decir, a la primera generación cien por ciento digital en el sentido de que, nacidos en los últimos años del siglo pasado, no conocieron (al menos no conscientemente) el mundo antes de internet, facebook, smartphones y demás maravillas de la vida en línea. 

La inquietud aumenta cuando constatamos que psicólogos, sociólogos y pedagogos, entre otros especialistas de la educación, emiten opiniones discordantes (y a veces francamente contradictorias) al reflexionar sobre las características de la generación (o las generaciones, según se vea) que ahora está en las aulas. Ejemplo: Dan Tapscott en su libro La era digital (McGraw Hill, 2009) no tiene reparo en ensalzar las cualidades de los adolescentes de hoy: "Como la primera generación global de todos los tiempos, los Net Geners son más listos, más rápidos y más tolerantes a la diversidad que sus precursores" (Tapscott, 6). El autor, asesor de negocios en Canadá, enuncia ocho características de los nacidos de mediados de los '90 en adelante: 
  1. Aprecian la libertad y la libertad de elección.
  2. Desean personalizar las cosas, hacerlas por sí mismos.
  3. Son colaboradores naturales que disfrutan de una conversación, pero no de un sermón.
  4. Lo escrutarán a usted y a su organización.
  5. Insistirán en la integridad.
  6. Querrán divertirse, incluso en el trabajo y en la escuela.
  7. La velocidad es normal.
  8. La innovación es parte de la vida.
Un año después, en 2010, Nicholas Carr publicó Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? (Taurus, 2010). Como lo señala el título de su obra, Carr no analiza específicamente a la actual generación de adolescentes, sino que dedica su atención a los efectos de nuestra vida en línea. No es muy optimista al respecto. Un ejemplo:
Una sola página web puede contener fragmentos de texto, video y audio, una variada gama de herramientas de navegación, diversos anuncios y varias pequeñas aplicaciones de software o widgets, que se ejecutan en sus propias ventanas. Todos sabemos cómo puede llegar a distraernos esta cacofonía de estímulos. Pero nos lo tomamos a broma. Un nuevo mensaje de correo electrónico anuncia su llegada cuando ojeábamos los titulares más recientes de un periódico digital. Unos segundos más tarde, nuestro lector RSS nos informa de que uno de nuestros blogueros favoritos ha publicado un nuevo post. Unos momentos después nuestro teléfono móvil reproduce la melodía que indica la entrada de un mensaje de texto. Al mismo tiempo, una alerta de Facebook o Twitter parpadea en la pantalla. (Carr, 116)   
Puede que el tono de Carr sea levemente catastrofista, pero estoy seguro de que la mayoría puede identificarse con esos momentos de sobre-estimulación que, a decir del autor, no llevan a algo bueno.

Al tren del estudio de los cambios que la tecnología ha propiciado en la forma en que aprendemos se ha subido Howard Gardner con su obra Generación APP (Paidós, 2014) en la que define a este grupo de edad en los siguientes términos:
Nuestra teoría es que los jóvenes de ahora no sólo crecen rodeados de aplicaciones, sino que además han llegado a entender el mundo como un conjunto de aplicaciones, a ver sus vidas como una serie de aplicaciones ordenadas o quizás, en muchos casos, como una única aplicación que se prolonga en el tiempo y les acompaña de la cuna a la tumba. (Gardner, 15)
La opinión de Gardner sobre el asunto es acaso más relevante que la de los autores antes mencionados si consideramos que lleva más de tres décadas dedicado a la psicología cognitiva: fue él quien en 1983 cimbró el mundo educativo con su teoría de las inteligencias múltiples, que dio al traste con el modelo de educación estandarizado (y, tristemente, todavía en uso en la mayor parte de las escuelas del mundo). 

En Generación APP Gardner nos queda a deber una posición clara al respecto. No es esto necesariamente malo. Antes lo contrario: Gardner toma una distancia prudente ante la velocidad de los cambios suscitados por la tecnología en el ámbito educativo y concluye, inteligentemente, que estos cambios pueden resultar tanto positivos como negativos dependiendo de los factores que los acompañen (personalidad del alumno, la escuela en la que estudien, los valores familiares, etc.). En sus palabras
Los medios digitales pueden ejercer un efecto liberador sobre los jóvenes ya predispuestos a experimentar e imaginar, mientras que congelarían a la creciente proporción de jóvenes que prefieren seguir el camino de la mínima resistencia. (Gardner, 152)
Afortunadamente en este tema estamos muy lejos de escuchar la última palabra. Entretanto, Generación APP es una lectura altamente recomendable para padres de familia, profesores y en general cualquier persona interesada en cómo aprendemos.  

jueves, julio 24, 2014

"Yo soy Teresa Mendoza"

Estoy de vacaciones. Busco una novela para leer. Una novela gorda, buena, que me entretenga como Dios manda. Reviso mi biblioteca y me topo con El conde de Montecristo. "Pfff... Dumas", pienso. Ya no estoy en edad de leer eso. Recuerdo que hace muchos años Pérez Reverte me recomendó esa novela. "Pfff... Pérez Reverte", pienso.
Estoy insoportable. 
Recuerdo esta entrevista que le hice hace muchos años, en la que menciona la influencia de Dumas en La reina del Sur. Es un buen texto (la entrevista, digo... y La reina del Sur también, con algunas reservas), y nunca lo había compartido en ergozoom. Dado que El Huevo, la revista en la que se publicó, dejó de circular hace varios años, creo que es una buena oportunidad para mantenerla vigente.   

Yo soy Teresa Mendoza

Entrevista a Arturo Pérez-Reverte
-       José Luis González / Revista El Huevo (octubre 2002)
Arturo Pérez-Reverte es como Teresa Mendoza: el éxito le llegó ‘sin querer queriendo’, fue lidiando con él a regañadientes hasta que finalmente se resignó y lo tomó con filosofía. Alfaguara lo hospeda en el hotel Camino Real de la Ciudad de México, donde dos veces por día baja a conceder un par de entrevistas de treinta minutos cada una. Él mismo depuró la lista de medios que la editorial le ofreció para conceder entrevistas, así que sabe muy bien quién lo entrevistará. Yo también sabía a quién iba a hacerle mis preguntas, o al menos creí saberlo por los datos biográficos que obtuve de él. Español, nacido en Cartagena, en 1951. Su padre fue marinero. Él también lo es: posee un yate de 12 metros de eslora en el que pasa varios meses al año.  Fue reportero de guerra durante más de 20 años. Somalia, el Golfo Pérsico, Nicaragua y un largo etcétera hasta que en 1994 decidió intentar como escritor de ficción. El maestro de esgrima fue su primer éxito editorial. Le siguieron El Húsar, La tabla de Flandes, El Club Dumas (llevada al cine por Roman Polanski hace un par de años), La piel del tambor y La carta esférica, entre otras novelas, volúmenes de cuentos y recopilaciones de su trabajo como periodista sin olvidar la exitosísima serie histórica Las aventuras del Capitán Alatriste.
Eso es lo que dice la ficha biográfica de Pérez-Reverte que puede encontrarse en cualquier sitio de Internet dedicado a él y a su obra (los hay por decenas y en varios idiomas). Pero hay números que hacen de Pérez-Reverte, como anotó el escritor tijuanense Luis Humerto Crosthwaite, el king of pop de la literatura española, uno de esos seres que no pisan el suelo cuando caminan: 300 mil ejemplares vendidos de su más reciente novela, La Reina del Sur (Alfaguara, 2002), lo avalan como un fenómeno editorial en boga y alimentan las sospechas de quienes aseguran que Pérez-Reverte es no es de esta Tierra.
Precisamente a propósito de La Reina del Sur es que tuve oportunidad de conocer a Arturo hace un par de semanas. La cita fue en el lobby Tamayo del Hotel Camino Real a las 6.30 de la tarde. Media hora antes llegué con una amiga que tiempo atrás me había dicho ser fan de Pérez-Reverte, Diana Sánchez, que iba muy elegante y con su mochila escolar a cuestas. A esa hora ya estaban instalados Gina Bechelany, coordinadora editorial de esta revista, Cecilia Rodarte, colaboradora y amiga de El Huevo y el fotógrafo Rodrigo Elizarrarás. La excitación del grupo era evidente. Cecilia nos enseñaba unas fotos que le había tomado a Arturo diez años atrás; Gina hacía una recapitulación de la obra del cartaginés y Diana lanzaba un gritito extático cada vez que miraba el reloj. Yo revisaba las notas y preguntas que tenía preparadas. Arturo llegó al lobby a las 6:33: pantalón de mezclilla, camisa azul cielo y blazer azul marino. Tras las presentaciones de rigor, se dijo asombrado de tan numerosa comitiva por parte de El Huevo. La sesión de fotos fue en la piscina.
En el lobby quedamos Gina y yo. “Es mucho más guapo que en fotografía”, me dijo. Sonreí, un poco nervioso porque ya era tarde y porque también temí que la “numerosa comitiva” convirtiera la entrevista en un chacoteo con preguntas tutti fruti. Cuando todos regresaron (a las 6.42) llevé a Arturo a una mesa aparte. “Ella nos acompaña. Va a estar calladita”, me informó, tomado a Diana de la mano. Estaba encantada y había intimado con él durante las fotos, según me di cuenta.
“La novela empezó con una canción. Cuando escuché Camelia la Tejana quedé impresionado de la manera en que, en sólo tres minutos, se podía contar una historia tan compleja. Desde entonces tuve la idea de yo mismo contar una historia así y La Reina del Sur es mi respuesta a esa inquietud. Claro: yo no pude hacerlo en tres minutos, pero igual es un corrido. Un corrido de 540 páginas.”
¿Cuál fue el principal reto que significó esta novela para ti?
“Hubo muchos. Quizá el más difícil fue desarrollar el personaje de Teresa Mendoza. Una mujer casi analfabeta que llega a la cúspide en un mundo absolutamente dominado por hombres, como es el del narcotráfico. En ese sentido debí travestirme un poco para saber lo que ella sentía y pensaba. Esa fue la mejor experiencia que me dejó el libro: conocí a la mujer de una manera diferente. Ahora entiendo mejor a las mujeres de mi vida. Luego fue entrar y conocer el mundo del narco. Pasé mucho tiempo caminando Sinaloa, conociendo gente, entrevistando narcos. Tuve que pagar muchas rondas de tequila, pero al final también me invitaron algunas.”
En algunas entrevistas anteriores has mencionado que decidiste ubicar esta historia de narcotráfico en México aludiendo a ciertos “valores” que todavía rigen aquí pero que en Colombia o Europa no. ¿Cuáles son esos valores?
“El narco mexicano es un mundo cerrado regido por códigos muy estrictos. Claro que hay asesinatos y todo ese tipo de cosas, pero también hay valores que definen esas reglas. La lealtad, por ejemplo; el respeto por quienes pertenecen a la familia, al grupo; el ser cabrón, pero no ojete. Cosas que desde luego no justifican el narcotráfico, pero sí lo hacen más humano. No tan bestial como es el crimen en otras partes del mundo.”
Se acaba el tiempo, me anuncia Gina señalando su reloj desde la mesa contigua. Carajo. Llevo dos, tres preguntas y se acaba el tiempo. Decido apresurar un poco las cosas y le pregunto a Arturo sobre la peculiar relación entre Teresa Mendoza y la literatura.

“Los libros hacen a Teresa Mendoza. Son, por decirlo así, el detonador de todo lo que ya es. Se descubre a sí misma en las páginas que lee. Se da cuenta de que todos los libros hablan de ella y así aprende de ellos. Aprende de El conde de Montecristo, por ejemplo. Ya era una mujer inteligente, calculadora, pero a través de los libros expande sus experiencias y desencadena sus ambiciones. Los libros le dan sentido a su vida... como a la de cualquiera a quien le guste leer. Yo no sé cómo hace la gente que no lee para enfrentarse a la vida. Los libros son como los analgésicos: no curan, pero atenúan el dolor y ofrecen esperanza.
Y los narcos que conociste, ¿leían?
Arturo sonríe, simpatizando con mi ingenuidad (o eso quiero pensar), y responde: “No. Ninguno leía. Los que leen son los juniors: la segunda o tercera generación de narcos, esos sí leen. También las esposas de algunos. Pero de los que yo conocí, ninguno.
Y les hace falta, ¿no? Digo, para ser como Teresa Mendoza...
Sí, claro, pero leer no sólo les hace falta a los narcos. Eso nos hace falta a todos.
Ahora es Miriam Baca, la jefa de prensa de Alfaguara, quien se levanta de su mesa y me hace señas: se terminó el tiempo. Asiento con la cabeza y le concedo el último par de minutos de entrevista a Diana.
A lo largo de toda su obra ha escrito varios códigos que rigen la vida de sus personajes pero, ¿cuáles son los valores que rigen el código de vida de Arturo Pérez-Reverte?
“Hay dos cualidades que respeto mucho en la gente. No quiere decir que las tenga yo, pero sí que las respeto en los demás y trato de tenerlas para mí mismo. Son la dignidad y el valor. Ninguna la puedes comprar con dinero. Y mira que con dinero puedes comprar casi cualquier cosa: mujeres, amigos, fama... hasta felicidad, porque con dinero puedes comprar momentos felices, pero no puedes hacerte de dignidad y valor. Yo pasé más de 20 años en guerras viendo lo mejor y lo peor de los seres humanos y puedo decirte que la vida puede pasarse más o menos bien si cuentas con esas dos cosas entre lo que llevas a mano: dignidad y valor.”
Agotado el tiempo, la nutrida comitiva se acerca de nuevo. Todos queremos que Arturo firme nuestro libro. Mientras lo hace, Diana saca de su mochila todos los libros que tiene de Pérez-Reverte. Son más de diez y de algunos yo ni siquiera había escuchado su nombre. Arturo, francamente conmovido, empieza a firmarlos y se despide disculpándose por el poco tiempo que pudo pasar con ella. “Así es esto, dice, quizá alguna vez nos volvamos a encontrar”. Diana llora al entregarle una carta en sobre cerrado. Arturo se aleja y ocupa una mesa lejana en espera de su próximo entrevistador. La nutrida comitiva de El Huevo se va también. Yo me quedo con Diana, que sigue llorando. Me está agradeciendo el haberle presentado a Pérez-Reverte cuando veo que éste se acerca de nuevo. Le pide a Diana que cierre los ojos. Ella no reacciona. Está pasmada. “Cierra los ojos”, le vuelve a decir en tono perentorio, pero tierno, mientras él mismo pone su mano abierta sobre los ojos de mi amiga. Le da un beso en la boca y le dice “adiós”. 

lunes, junio 30, 2014

Jugamos como nunca...


Conocí a Rodrigo Castro hace más de veinte años, cuando estudiábamos la secundaria en el Colegio Williams. Desde entonces se ha constituido como uno de esos amigos que inician en la pubertad y se forjan con el paso del tiempo. Es, además, uno de los aficionados al fútbol más apasionados que he tratado. Él mismo se define como "mexicano hasta la médula. Apasionado, crítico y sin miedo a decir las cosas. Atlantista de cepa, de alto sufrimiento por consecuencia, anhela un mejor destino para nuestra raza de cobre. Y trabaja todos los días para poner muy en alto el nombre de México". Actualmente vive en Miami. 

Ayer después del partido contra Holanda le escribí para solicitarle su opinión sobre el resultado. Aquí lo que me respondió: 

¿Jugamos como nunca y perdimos como siempre, Rodrigo? ¿Qué le faltó o le sobró a México para poder ganar este partido?

¿Jugamos como nunca y perdimos como siempre? Desafortunadamente sí. 24 años, 6 mundiales con una maldita frase que ha definido nuestras más grandes ilusiones y nuestras más profundas decepciones.

¿Que le faltó? Huevos. Huevos de creérsela, de no tener miedo al éxito, de saber que podemos ser mejores y que tuvimos todo para ganar el partido. Es lamentable cómo la forma en que, después del gol de Dos Santos, el equipo se echa para atrás. Increíblemente el mexicano tiene miedo al éxito y sigue teniendo pavor a ser mejor que el otro. 

Tú has sido sumamente crítico con este equipo mexicano desde la eliminatoria para Brasil, que fue desastrosa. ¿Consideras que después de su buen papel en este Mundial el Tri ha pagado sus deudas con los aficionados mexicanos? ¿Por qué?

¿Paga sus deudas? En absoluto. México no hace nada diferente que no haya hecho desde hace 24 años. El resultado no es bueno. Hay mucho que cambiar y solucionar, empezando por los intereses de terceros que casi merman el pase al mundial de Brasil.

¿Qué viene para México después de esto? ¿Dejarías al Piojo en la banca para iniciar el camino a Rusia?

¿Que viene? Lamentablemente nada nuevo. Hoy que se termina el proceso mundialista se rendirán cuentas. Al final, los ingresos de la federación son muy altos y el susto de perder los ingresos por no asistir al evento quedó solo en eso, en un susto. Miguel Herrera fue un afortunado accidente, pero no fue parte de una planeación. Miguel Herrera se va a quedar, va a ser el ungido de la federación, y a la mitad del proceso se va a terminar cansando. El hartazgo y la crisis de resultados va a volver a truncar un proceso. 4 años más y serán 28 años de fracasos. Pero todos (yo incluido) compraremos la nueva playera del equipo.

Con tristeza y mucha negación, te mando un abrazo desde acá. ¡Saludos!

martes, junio 10, 2014

A todos los que quieren y aman el fútbol...

Estoy cansado del Mundial. Y aún no inicia. Esto no es ninguna novedad. Ya me ocurrió hace cuatro años y no esperaba que fuera distinto ahora. No deseo entrar en polémicas respecto al valor de este espectáculo en términos sociales, económicos, políticos, antropológicos y etcétera. 

Prefiero compartir con ustedes una película sobre fútbol que ayer me hizo sonreír y pensar en lo importante que es el juego en sí mismo, más allá de la insustancial y chocante parafernalia que constituye un Mundial. Lo importantes que son valores como la amistad y el amor; la lealtad y el arraigo; y lo fundamental que es pensar que se puede ganar sin trampas y que sí, al final uno puede preferir el bien al mal y sentirse feliz por ello: 




La película es de Juan José Campanella, de quien algo se dice en la siguiente nota:




¡Que ruede el balón!

martes, mayo 20, 2014

El profesor Onfray


Me topé con Michel Onfray (Argentan, 1959) por primera vez hace algunos años, cuando leí su Tratado de ateología (2006). Me llamó la atención su lucidez y claridad al momento de definir su posición y, sobre todo, la propuesta hedonista que permea el texto y que presenta con mucha más claridad y contundencia en La escultura de sí. Por una moral estética (2009) en el que recupera la figura del condotiero a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento para definir al ser humano que construye su propio ser con base en una perspectiva hedonista, consciente y, sobre todo, valiente.
Onfray ofrece indicios de su biografía al principio de La fuerza de existir. Manifiesto hedonista (2006) en el que narra su infancia en un internado francés que le profirió una educación tradicional en los términos en los que la mayoría de nosotros la entendemos: materias obligatorias en horarios definidos por la institución educativa, profesores que se asumen como contenedores de conocimiento que han de “vaciar” en sus alumnos siempre que éstos les muestren respeto y disciplina sin cuestionamientos. Incluso refiere bullying y abusos de profesores a sus pupilos en los términos que hoy, tristemente, son más frecuentes de lo que estamos dispuestos a reconocer.
A principios de los ’80 se licenció en Filosofía con una tesis sobre Schopenhauer y en 1983 empezó a impartir la materia en un bachillerato en Caen, donde se mantuvo hasta 2002, cuando renunció para crear la Universidad Popular de Caen en 2003, proyecto pedagógico que abordaremos en este trabajo.
Onfray parte de la suposición de que la historia de la filosofía se ha construido (al menos en Occidente)  a partir de un corpus incompleto y en varios sentidos amañado para favorecer los intereses del sistema que sustenta:
En realidad, esta historiografía fue escrita en primer lugar por Platón. Éste y sus esbirros, sus descendientes, sus alumnos, sus discípulos y sus sicarios. Sólo teniendo en cuenta el periodo antiguo, ¡cuántos son los que retoman, por ejemplo, la idea de que se puede hablar de los “presocráticos”! Pero ¿qué dice la palabra? Que existen pensadores reunidos por un aspecto común: su existencia antes de Sócrates. A pesar de sus divergencias, Parménides y su ontología, Heráclides y su dialéctica, Leucipo y su atomismo, Anaximandro y sus elementos, Protágoras y su sofística, y los cien filósofos etiquetados como presocráticos –antesocráticos, se dice incluso, con el convencimiento, parecería, de que una revolución semántica es suficiente– valen menos por sus diferencias y sus singularidades que por lo que los reúne: oficiar antes de Sócrates. (La comunidad filosófica, 59)
Es desde esta perspectiva que Onfray desarrolla una contrahistoria de la Filosofía, llevada a cabo en seis volúmenes. Para efectos de este trabajo, es importante mencionar que es ésta la misma base sobre la cual nuestro autor construye una alternativa pedagógica que encontró su realización en la Universidad Popular de Caén, dirigida por Onfray. Grosso modo, los postulados propuestos son los siguientes:
  • La filosofía sobre la que se basan las instituciones dominantes vigentes es, al menos, incompleta. Es necesario, por tanto, adoptar una perspectiva más amplia que permita ensanchar el espectro de posibilidades pedagógicas que se tienen a mano.
  • La filosofía ha sido rebajada a una actividad que debe ser sencilla y evitar complicaciones. Que invite a la reflexión, sí, pero sin que resulte difícil y, sobre todo, sin que resulte problemática:

Pero ocurrió algo mucho peor aún con la reciente proliferación, en el mercado de la edición, de textos cortos, sin ideas, que llevan títulos formateados como campañas publicitarias por servicios de mercadotecnia que explotan el deseo de filosofía y toman pretexto del tema para adentrarse en un mercado de bolsillo: los pequeños tratados, los breves vademécums, los léxicos para principiantes y la filosofía sin dificultad; Kant sin Prozac: llamemos a esto la biblioteca rosa filosófica. ¿Podremos caer aún más bajo? (La comunidad filosófica, 53)

Onfray, huelga decirlo, se encuentra manifiestamente en contra de esta tendencia e invita a recuperar el pensamiento crítico de raigambre filosófica en su nuevo proyecto educativo.
  • La filosofía es el centro de este proyecto. No como una materia más en el currículo sino como materia prima del conocimiento que se adquiere y desarrolla:

Tres cuartas partes de la trayectoria del alumno encuentran, así, su significado: desde los primeros momentos de socialización en la guardería a la clase de filosofía, pasando por el aprendizaje de la lectura, de la escritura y del cálculo y luego de los idiomas, se evita pensar y reflexionar, una licencia otorgada solamente a pocas horas del balance final. Simplemente, así se habrá olvidado hacer de la filosofía la disciplina que acompaña, y no la que corona, el conjunto de la trayectoria. No un suplemento del alma, sino la oportunidad de una epistemología regular, constante, capaz de justificar las enseñanzas profesadas, útiles para captar el interés y la coherencia de los saberes dispensados. (La comunidad filosófica, 69-70).

La propuesta de Onfray es devolver la filosofía al pueblo: no asumirla, repito, sólo como un elemento aislado de la currícula escolar, sino una actitud, una posición ante el mundo, que permita desarrollar lo que él llama una vida filosófica:
¿Qué es entonces, lo que hay que agregar a ese deseo? Un proyecto. ¿Y cuál? El de construirse, fabricarse. Ambición socrática: conocerse a sí mismo ante todo. La antigua aspiración sigue siendo actual. Partir de sí mismo, bloque de mármol informe, materia inerte si ninguna voluntad lo informa, y luego, parcialmente, modestamente, tranquilamente, con paciencia, sin precipitación, encaminarse hacia una mayor perfección. Convertise en algo, luego en alguien y por último en sí mismo. El deseo se sostiene, vale, cuenta y pesa si da lugar al placer de hacerse paso a paso, de elaborar un proyecto y de construir, hasta donde se pueda, una identidad que se sostenga. (La comunidad filosófica, 118-119)
En el libro que estoy usando como referencia, se dice muy poco más acerca de la metodología empleada en la Universidad Popular de Caen. He acudido a su página web para recuperar la siguiente información sobre sus procesos didácticos.
  • La Universidad Popular conserva el principio del ciclo, que permite tener en cuenta el crecimiento personal y la necesidad de que el contenido transmitido sea comprendido antes de realizar cualquier debate.
  • La Universidad está abierta a cualquier persona: no hay prerequisitos de edad, títulos o nivel académico. Tampoco se otorgan títulos ni certificados de estudio. Todos los cursos son gratuitos.
  • Los cursos se imparten una vez a la semana, en una sesión de dos horas cada una. La primera se dedica a la comprensión del argumento, y la segunda a la discusión del mismo. El diálogo es el método elegido para acceder al contenido.
  • Los ciclos se extienden desde mediados de octubre hasta mediados de mayo, tomando como referencia las vacaciones escolares de la Academia de Caen.

Me parece clara la influencia que Onfray presenta de algunos filósofos revisados en clase. Específicamente pienso en la teoría de resistencia de Henry Giroux (Providence, 1943) y Paulo Freire (1921-1997). Onfray no los menciona en alguna parte del texto en el que presenta su proyecto pero es muy notoria su idea de construirlo en oposición al sistema educativo tradicional:
Lo mejor es trabajar desde la más temprana edad en función de una ética, de una exigencia de valores y virtudes. No una cabeza bien llena y rellena de sentencias tomadas de un catecismo petrificado, sino una cabeza bien amueblada capaz de construir una ética digna de ese nombre. Así se evitará fabricar sujetos, ciudadanos, personas para la Sociedad, el Estado, la Nación, la República o la Empresa; así formaremos, por fin, ciudadanos derechos y en pie. (La comunidad filosófica, 137)
Pienso que tanto Giraux como Freire suscribirían el proyecto de Onfray. Los tres hacen explícito el propósito emancipador de la educación, la necesidad de transformar el modelo de raíz, acercándolo a la gente y alejándolo de los intereses particulares de gobiernos y empresarios. Y en este afán de humanizar la educación, tanto Freire como Onfray recuperan el proceso mayéutico como el único que permite un conocimiento auténtico y consciente: el diálogo para aprehender el mundo.  
Bibliografía
Onfray, M. (2008). La comunidad filosófica. Manifiesto por una Universidad popular. Barcelona: Gedisa.
Sitio web de la Universidad Popular de Caen, visitado el 9 de noviembre de 2013 en: http://upc.michelonfray.fr/